(ROBERT)
La llamé esa mañana, pero me dijo que no podía salir, que tenía que comprar unas cosas, así que fui a dar un paseo por Londres. Mientras caminaba, en mi mente fluía ella. La conversación que habíamos mantenido había sido normal, y por primera vez en mucho tiempo me había sentido como uno más. Como antes de que todo ese boom apareciese. Sumido en mis pensamientos no me di cuenta de que una puerta a mi izquierda se empezaba a abrir, dándome en la cara.
- ¡Joder! -dije. Me toqué la nariz para ver si sangraba, pero era una falsa alarma.
- ¡Dios! ¡Lo siento mucho! ¡Yo...!
Esa voz... Me enderecé y la miré.
- Hola, Robert -dijo, con una sonrisa algo culpable-. ¿Te he hecho daño?
- Daño, sí. Heridas, no -respondí.
Ella se rió, regalándome un maravilloso sonido. Entonces reparé en el libro que llevaba entre las manos. "Alguien voló sobre el nido del cuco". Una de mis películas y libros favoritos.
- ¿Te gusta? -pregunté.
- Sí, me encanta. Ya me lo había leído, pero no lo tenía, así que lo he comprado. Me he visto la peli miles de veces.
- Yo también.
El éxito me había transformado en una persona bastante desconfiada, y si antes era paranoico, ahora lo era más. "¿Y si dice que le gusta porque sabe que a mí también y quiere impresionarme?", pensé. Su voz me sacó de mis pensamientos.
- ...encontrado, ¿no?
- ¿Perdón?
- Hollywood, eres buen músico, pero ahora mismo tu oído está algo atrofiado. Te decía que qué casualidad habernos encontrado, ¿no?
- Ah. Pues sí, la verdad.
- Me encantaría quedarme contigo, pero tengo que ir a otro sitio. Te llamo cuando acabe y quedamos, ¿vale?
- De acuerdo. Adiós, españolita.
- Adiós, Hollywood.
Se giró, pero antes de irse me preguntó.
- Por cierto, ¿sabes dónde puedo encontrar alguna tienda de discos?
- Sí, todo recto, al final de la calle giras a la derecha y verás una.
- Vale, gracias.
Retomó su camino y, entonces, y aunque me pareció una locura, decidí seguirla. Esa chica me tenía embrujado, así que, muy prudentemente, empecé a caminar, como si fuera su sombra. Unos minutos después, ella se metió en la tienda de discos que yo le había indicado. Aún no me había visto, y aproveché que la puerta estaba entreabierta para escuchar la conversación.
- Buenos días, estaba buscando un CD.
- Claro, guapa. ¿Cuál quieres?
Ella le enseñó un papel.
- Van Morrison, ¿eh? Déjame mirar, preciosa.
"¿Preciosa? ¿Pero quién se cree que es?", pensé.
- Aquí está. Bien, guapa, ¿cuánto estarías dispuesta a pagar por él?
- ¿Cómo? -preguntó, inocentemente.
- Me refería a cómo piensas pagarme.
"Cerdo", pensé.
- Bueno, pues con estas cositas de papel llamadas billetes. Globalmente dinero.
No pude reprimir una sonrisa. El dependiente se quedó estupefacto.
- ¿Necesitas que te lo deletree o te basta con esa explicación?
- Bueno, monada, creo que no vamos a llegar a ninguna parte.
Segundos después, ella salió triunfalmente con el CD en la mano (que había pagado con dinero, por supuesto), pero tuve tan mala suerte que me pilló mirando por el escaparate.
- ¿Robert? -dijo.
- Hola -repuse, avergonzado...
(PATTY)
Al salir de la tienda, le vi de nuevo. Mi corazón dio un vuelco.
- ¿Robert? -pregunté.
- Hola -dijo, avergonzado. Se veía tan mono...
- ¿Qué haces aquí?
- Pues...
Entonces una bombilla se encendió en mi cabeza.
- ¿Me has seguido? -pregunté, atónita.
Él bajó la mirada. Pensé que me había malinterpretado y decidí romper el hielo.
- Quiero decir, tú eres el famoso, no yo. ¿No te tendría que perseguir yo a ti?
Él soltó una carcajada. Ese sonido se estaba empezando a ser adictivo...
- Preferiría que no lo hicieras -respondió, alegremente.
- Y no lo haré. Supongo que debes estar muy cansado de todo el rollo de la fama.
- Un poquito -dijo.
Me quedé pensando. No iba a desaprovechar esa oportunidad, oh, no.
- ¿Pero aceptarías una invitación? -dije, con una sonrisa. Después me di cuenta de algo.- Bueno, supongo que no. No sería bueno para ti. Empezarían a decir que estás saliendo conmigo.
"Idea tentadora", pensé.
- No te preocupes, aquí los medios me persiguen menos -dijo él.
- Que alivio para ti.
- Pues sí -sonrió-. Bueno, y lo de esa invitación... depende de como sea.
- Mi casa, peli, cervezas... y buena música.
- Hecho.
Nos sonreímos mutuamente.
chicas, siento muchisisisisimo no haber podido actualizar antes, pero es que entre los examenes y algunos problemillas que he tenido no me ha dado tiempo, espero que me perdoneis ;)
martes, 28 de diciembre de 2010
lunes, 6 de septiembre de 2010
Capítulo 6 (Robert)
Su pelo se movía con el aire, ambos a un compás de una melodía invisible. En un momento dado, un escalofrío recorrió su cuerpo. Yo me quité mi abrigo y se lo puse por encima.
- Toma -le dije.
Ella se lo intentó quitar, pero yo se lo impedí.
- No te lo quites.
- No, no tengo tanto frío.
- Venga, póntelo.
- ¿Para que te constipes tú? No -dijo, dándome la chaqueta.
No iba a dejar que pasase frío, lo tenía claro. En un pequeño movimiento la atraje hacia mí, pasándola un brazo por sus hombros.
- Eres tan cabezota... Ven aquí.
Ella se sorprendió al principio, pero después se agarró a mí de buena gana.
- Tu novia debe de estar muy orgullosa de ti. Eres un tío guay -dijo.
Yo me reí.
- No tengo novia.
Ella me miró, sorprendida.
- ¿Ah, no? -me preguntó.
- No. ¿Y tú tienes novio?
- Tuve uno, pero lo dejamos hace tiempo.
- Mmmm... -dije.
Seguramente que había un montón de chicos babeando por ella. Yo mismo lo hacía. "Robert, ¿qué dices?", pensé.
- ¿Vives cerca? -pregunté.
- Sí, no falta mucho.
No sé si de verdad faltaba poco tiempo para llegar, o es que éste se pasó muy rápido debido a que íbamos abrazados. Ya no sentía frío. Su sola presencia me daba fuerzas. Cuando llegamos a su casa, no habían pasado más de quince minutos. Ella se separó de mí y me miró con una sonrisa.
- Gracias. Lo he pasado muy bien.
- Me alegro -respondí.
Ella se puso de puntillas y me abrazó.
- Espero volver a verte -me dijo, con su aliento rozándome la oreja.
De repente, dejó de abrazarme y me miró a los ojos.
- ¿Tienes móvil?
- Sí, ¿para?
- Bueno, así estoy segura de que volveré a verte -dijo, guiñándome un ojo.
Yo me reí.
- ¿Y si no quiero dártelo?
- Lo entendería, señor Hollywood. Supongo que verte por ahí con una desconocida es algo muy jugoso para los paparazzi, ¿no?
Volví a reírme.
- Anda, apunta.
Intercambiamos teléfonos y ella se metió en su casa. Mientras se despedía con la mano desde la puerta, yo sólo pensaba en aquel momento que pasaríamos de nuevo juntos.
- Toma -le dije.
Ella se lo intentó quitar, pero yo se lo impedí.
- No te lo quites.
- No, no tengo tanto frío.
- Venga, póntelo.
- ¿Para que te constipes tú? No -dijo, dándome la chaqueta.
No iba a dejar que pasase frío, lo tenía claro. En un pequeño movimiento la atraje hacia mí, pasándola un brazo por sus hombros.
- Eres tan cabezota... Ven aquí.
Ella se sorprendió al principio, pero después se agarró a mí de buena gana.
- Tu novia debe de estar muy orgullosa de ti. Eres un tío guay -dijo.
Yo me reí.
- No tengo novia.
Ella me miró, sorprendida.
- ¿Ah, no? -me preguntó.
- No. ¿Y tú tienes novio?
- Tuve uno, pero lo dejamos hace tiempo.
- Mmmm... -dije.
Seguramente que había un montón de chicos babeando por ella. Yo mismo lo hacía. "Robert, ¿qué dices?", pensé.
- ¿Vives cerca? -pregunté.
- Sí, no falta mucho.
No sé si de verdad faltaba poco tiempo para llegar, o es que éste se pasó muy rápido debido a que íbamos abrazados. Ya no sentía frío. Su sola presencia me daba fuerzas. Cuando llegamos a su casa, no habían pasado más de quince minutos. Ella se separó de mí y me miró con una sonrisa.
- Gracias. Lo he pasado muy bien.
- Me alegro -respondí.
Ella se puso de puntillas y me abrazó.
- Espero volver a verte -me dijo, con su aliento rozándome la oreja.
De repente, dejó de abrazarme y me miró a los ojos.
- ¿Tienes móvil?
- Sí, ¿para?
- Bueno, así estoy segura de que volveré a verte -dijo, guiñándome un ojo.
Yo me reí.
- ¿Y si no quiero dártelo?
- Lo entendería, señor Hollywood. Supongo que verte por ahí con una desconocida es algo muy jugoso para los paparazzi, ¿no?
Volví a reírme.
- Anda, apunta.
Intercambiamos teléfonos y ella se metió en su casa. Mientras se despedía con la mano desde la puerta, yo sólo pensaba en aquel momento que pasaríamos de nuevo juntos.
lunes, 30 de agosto de 2010
Capítulo 5
Aún no la conocía, pero estaba seguro de que tenía un gran corazón. No había pensado sólo en sus intereses, sino en mi propio bienestar. Nunca me había pasado algo igual. Estaba acostumbrado a que las chicas me trataran como a un muñeco, únicamente intentando tocarme o conseguir un autógrafo o foto mía. Con tantos gritos no podía pensar. Por eso con esta chica me sentí normal, sin fama y sin poses. Sin tener que explicar que yo no era como Edward Cullen. Realmente era un alivio.
- ¡Robert! -me llamaron por detrás.
Al girarme vi a mi amigo Tom dirigiéndose hacia mí.
- ¿Qué pasa? Creía haberte visto dentro.
- Y estaba, pero he salido fuera para... fumarme un cigarro.
Él reparó en la chica detrás de mí y sonrió.
- Y, para fumar, ¿no?
A él no le podía engañar...
(Patty)
Un chico, aparentemente amigo de Robert, se acercó a mí y me tendió la mano.
- Tom Sturridge. Encantado de conocerte.
Yo sonreí y le estreché la mano.
- Patricia, o Patty, como quieras.
- Un nombre muy bonito.
- Gracias.
- Oye, ¿quieres pasar dentro? Robert y yo estamos con unos amigos...
- Bueno... -respondí, tímidamente.
Los tres entramos en el local. Allí me presentaron a sus amigos y me senté en el único sitio que quedaba libre: al lado de Rob. "¿Rob? ¿Y esas confianzas, Patty?", pensé.
- Robert -dijo Tom-. ¿Te has dado cuenta? Se llama como tu perrita.
Él sonrió, mostrándome sus maravillosos dientes blancos.
- Cierto.
- Yo también tengo una perra que se llama Patty. Me la regalaron el día de mi cumpleaños, de ahí el nombre -dije.
- ¿También tienes mascotas? -preguntó, interesado.
- Ajá. Dos perritas. La otra se llama Gala.
Él se quedó pensativo durante unos segundos, que yo aproveché para comerméle con la mirada (disimuladamente, qué os creéis). Luego alzó una ceja y me miró.
- ¿La musa de Dalí?
Yo sonreí.
- Sí, veo que te informaste para Little Ashes.
Él me devolvió la sonrisa.
- La verdad es que echaba de menos Inglaterra... -dije, sin pensar.
- Ah, pero ¿no eres de aquí? -preguntó, extrañado.
Sin querer habíamos empezado una conversación nosotros solos, pero a los demás no pareció importarles. Ellos hacían bromas y se reían, y yo sólo pensaba en los ojos azules y los labios que tenía delante de mí.
- No, soy de España.
Seguimos hablando de mi vida y de la suya, y cuando miré el reloj la tristeza se apoderó de mí.
- Perdonad, pero me tengo que ir -dije, levantándome.
Robert también se levantó.
- ¿Ya? -se le escapó.
Yo le miré, extrañada por su reacción. Él se sonrojó y agachó la mirada. Estaba adorable. Era extraño verle así, acostumbrada a como estaba a verle en el papel de Edward. Él era todo lo contrario. Se veía que era tímido y un poquito inseguro, pero tenía un sentido del humor increíble. Le sonreí, intentado que se sintiera mejor.
- Mañana tengo una prueba para modelar para una firma de ropa, así que tengo que acostarme temprano.
- ¿Vas andando?
Asentí con la cabeza.
- Te acompaño -dijo él.
Nos despedimos y salimos a la fría noche inglesa...
- ¡Robert! -me llamaron por detrás.
Al girarme vi a mi amigo Tom dirigiéndose hacia mí.
- ¿Qué pasa? Creía haberte visto dentro.
- Y estaba, pero he salido fuera para... fumarme un cigarro.
Él reparó en la chica detrás de mí y sonrió.
- Y, para fumar, ¿no?
A él no le podía engañar...
(Patty)
Un chico, aparentemente amigo de Robert, se acercó a mí y me tendió la mano.
- Tom Sturridge. Encantado de conocerte.
Yo sonreí y le estreché la mano.
- Patricia, o Patty, como quieras.
- Un nombre muy bonito.
- Gracias.
- Oye, ¿quieres pasar dentro? Robert y yo estamos con unos amigos...
- Bueno... -respondí, tímidamente.
Los tres entramos en el local. Allí me presentaron a sus amigos y me senté en el único sitio que quedaba libre: al lado de Rob. "¿Rob? ¿Y esas confianzas, Patty?", pensé.
- Robert -dijo Tom-. ¿Te has dado cuenta? Se llama como tu perrita.
Él sonrió, mostrándome sus maravillosos dientes blancos.
- Cierto.
- Yo también tengo una perra que se llama Patty. Me la regalaron el día de mi cumpleaños, de ahí el nombre -dije.
- ¿También tienes mascotas? -preguntó, interesado.
- Ajá. Dos perritas. La otra se llama Gala.
Él se quedó pensativo durante unos segundos, que yo aproveché para comerméle con la mirada (disimuladamente, qué os creéis). Luego alzó una ceja y me miró.
- ¿La musa de Dalí?
Yo sonreí.
- Sí, veo que te informaste para Little Ashes.
Él me devolvió la sonrisa.
- La verdad es que echaba de menos Inglaterra... -dije, sin pensar.
- Ah, pero ¿no eres de aquí? -preguntó, extrañado.
Sin querer habíamos empezado una conversación nosotros solos, pero a los demás no pareció importarles. Ellos hacían bromas y se reían, y yo sólo pensaba en los ojos azules y los labios que tenía delante de mí.
- No, soy de España.
Seguimos hablando de mi vida y de la suya, y cuando miré el reloj la tristeza se apoderó de mí.
- Perdonad, pero me tengo que ir -dije, levantándome.
Robert también se levantó.
- ¿Ya? -se le escapó.
Yo le miré, extrañada por su reacción. Él se sonrojó y agachó la mirada. Estaba adorable. Era extraño verle así, acostumbrada a como estaba a verle en el papel de Edward. Él era todo lo contrario. Se veía que era tímido y un poquito inseguro, pero tenía un sentido del humor increíble. Le sonreí, intentado que se sintiera mejor.
- Mañana tengo una prueba para modelar para una firma de ropa, así que tengo que acostarme temprano.
- ¿Vas andando?
Asentí con la cabeza.
- Te acompaño -dijo él.
Nos despedimos y salimos a la fría noche inglesa...
lunes, 19 de julio de 2010
Capítulo 4 (Patty)
¡No me lo podía creer! ¡Le estaba dando fuego a Robert Pattinson! En el momento en que el rozó su mano con la mía mi corazón empezó a latir desenfrenadamente. "Patri, vamos, ni siquiera le conoces", pensé.
- ¿Tan joven y ya fumando? -dijo él.
Le miré con reproche.
- Oye, que ya soy mayor de edad. Además, tampoco fumo mucho. Tres o cuatro cigarros al mes.
- ¿Mayor de edad? -parecía extrañado.
- Sí, ¿por?
- Bueno, no lo aparentas.
Yo me reí.
- Lo sé, la mayoría de gente me dice que parezco dos o tres años más pequeña.
- Pues llevan razón -dijo.
Entonces le observé bien. El pelo revuelto (obviamente), un poco de barba, una chaqueta de algodón, vaqueros y deportivas. Siempre me he caracterizado por ser bastante sincera, y en ese momento lo fui.
- ¿Sabes? Eres más guapo al natural que en la tele.
Al principio se quedó sorprendido, pero después sonrió.
- ¿Ah,sí? Entonces sabes quién soy.
- Pues claro. Sales en todas partes.
- Sí, lo sé -dijo con tristeza.
Yo intenté arreglar aquel momento.
- Eh, pero sé que eres una persona normal que intenta divertirse, por eso no te pedí un autografo ahí dentro. Supongo que todo esto es difícil para ti.
Él me miró, sorprendido.
- ¿Tú... tú no me pediste un autógrafo porque querías que olvidara todo esto?
- Sí -respondí.
En su mirada pude apreciar una muestra de asombro. ¿Realmente le había impresionado...?
- ¿Tan joven y ya fumando? -dijo él.
Le miré con reproche.
- Oye, que ya soy mayor de edad. Además, tampoco fumo mucho. Tres o cuatro cigarros al mes.
- ¿Mayor de edad? -parecía extrañado.
- Sí, ¿por?
- Bueno, no lo aparentas.
Yo me reí.
- Lo sé, la mayoría de gente me dice que parezco dos o tres años más pequeña.
- Pues llevan razón -dijo.
Entonces le observé bien. El pelo revuelto (obviamente), un poco de barba, una chaqueta de algodón, vaqueros y deportivas. Siempre me he caracterizado por ser bastante sincera, y en ese momento lo fui.
- ¿Sabes? Eres más guapo al natural que en la tele.
Al principio se quedó sorprendido, pero después sonrió.
- ¿Ah,sí? Entonces sabes quién soy.
- Pues claro. Sales en todas partes.
- Sí, lo sé -dijo con tristeza.
Yo intenté arreglar aquel momento.
- Eh, pero sé que eres una persona normal que intenta divertirse, por eso no te pedí un autografo ahí dentro. Supongo que todo esto es difícil para ti.
Él me miró, sorprendido.
- ¿Tú... tú no me pediste un autógrafo porque querías que olvidara todo esto?
- Sí -respondí.
En su mirada pude apreciar una muestra de asombro. ¿Realmente le había impresionado...?
Capítulo 3 (Robert)
Capítulo 3 (Robert)
El local estaba abarrotado de gente. Había quedado allí con unos amigos, y estaba deseando verles después de tantos meses de rodaje. Al fin estaba en Londres, disfrutando de unas bien merecidas vacaciones. Al avanzar hacia el otro extremo del establecimiento me choqué con una chica. Sólo cuando la miré bien aprecié lo realmente hermosa que era. Su pelo rizado y moreno quedaba sujeto por una sencilla diadema que pegaba con el suéter azul que llevaba puesto. El resto de su ropa se trataba de un pantalón vaquero y unas Converse. Tenía un aspecto muy dulce y estaba casi seguro de que no tendría más de 16 años, aunque su cuerpo estaba muy bien formado.
- Lo siento, ¿estás bien? -preguntó, con una preciosa sonrisa.
- Sí, no te preocupes. ¿Tú? -dije.
- Bien, tranquilo.
En ese momento, tres chicas se acercaron a mí tímidamente, pidiéndome un autógrafo. Cuando acabé, la perdí de vista, así que decidí salir a la calle para ver si la veía en un último intento. Fuera estaba ella, mirando a lo lejos, apoyada en la pared y fumando un cigarro. Me acerqué despacio.
- Perdona, ¿tienes otro? -le pedí (realmente tenía cigarrillos, pero necesitaba una excusa para empezar la conversación).
Ella me miró, al principio sorprendida, pero después me mostró otra de esas maravillosas sonrisas.
- Claro.
Me dio el cigarro y yo lo puse en mi boca. Ella acercó su mechero a él, pero el aire presente dificultaba la acción, así que tuve que poner mis manos alrededor de las suyas, creando un espacio en donde no soplara el viento. Al rozar su mano, una especie de electricidad recorrió todo mi cuerpo. Siempre había creído en el amor a primera vista, aunque no lo hubiera vivido nunca. "Para todo hay una primera vez", pensé. ¿Sería esa?
El local estaba abarrotado de gente. Había quedado allí con unos amigos, y estaba deseando verles después de tantos meses de rodaje. Al fin estaba en Londres, disfrutando de unas bien merecidas vacaciones. Al avanzar hacia el otro extremo del establecimiento me choqué con una chica. Sólo cuando la miré bien aprecié lo realmente hermosa que era. Su pelo rizado y moreno quedaba sujeto por una sencilla diadema que pegaba con el suéter azul que llevaba puesto. El resto de su ropa se trataba de un pantalón vaquero y unas Converse. Tenía un aspecto muy dulce y estaba casi seguro de que no tendría más de 16 años, aunque su cuerpo estaba muy bien formado.
- Lo siento, ¿estás bien? -preguntó, con una preciosa sonrisa.
- Sí, no te preocupes. ¿Tú? -dije.
- Bien, tranquilo.
En ese momento, tres chicas se acercaron a mí tímidamente, pidiéndome un autógrafo. Cuando acabé, la perdí de vista, así que decidí salir a la calle para ver si la veía en un último intento. Fuera estaba ella, mirando a lo lejos, apoyada en la pared y fumando un cigarro. Me acerqué despacio.
- Perdona, ¿tienes otro? -le pedí (realmente tenía cigarrillos, pero necesitaba una excusa para empezar la conversación).
Ella me miró, al principio sorprendida, pero después me mostró otra de esas maravillosas sonrisas.
- Claro.
Me dio el cigarro y yo lo puse en mi boca. Ella acercó su mechero a él, pero el aire presente dificultaba la acción, así que tuve que poner mis manos alrededor de las suyas, creando un espacio en donde no soplara el viento. Al rozar su mano, una especie de electricidad recorrió todo mi cuerpo. Siempre había creído en el amor a primera vista, aunque no lo hubiera vivido nunca. "Para todo hay una primera vez", pensé. ¿Sería esa?
lunes, 21 de junio de 2010
Capítulo 2 (Patty)
Al bajar del avión, el frío clima de Inglaterra me golpeó.
Tiritando, abroché los botones de mi abrigo y entré en el aeropuerto. Una vez cogí mi equipaje, salí de nuevo a la calle y cogí uno de los taxis allí aparcados.
- ¿Dónde, guapa? -me dijo el conductor una vez entré en el automóvil. Su mirada se reflejaba en el retrovisor.
Le dije la calle y acto seguido nos pusimos en marcha.
Las gotas de lluvia empezaron a deslizarse por los cristales de la ventanilla. Menos mal que llevaba paraguas, instrumento indispensable en aquel país.
Una vez llegué a mi destino, el conductor me dijo el precio y yo le di el coste correspondiente.
Me ayudó a sacar el equipaje del maletero y, con una mirada algo insinuante (sí, me di cuenta), se despidió de mí.
Saqué las llaves y abrí la puerta de nuestra casa en Londres. Un fuerte olor a cerrado inundó mi nariz. Rápidamente, abrí las ventanas, intentado eliminarlo.
Todos nuestros muebles estaban tapados con una funda de plástico. Empecé a quitarlas después de haber encendido la cadena de música (lo admito, sin música no soy persona).
Al acabar me di cuenta de que había dejado de llover, así que aproveché para salir a pasear un poco por aquella ciudad que tanto había echado de menos...
* * * * *
Decidí ir al Soho, el sitio más maravilloso de Londres, o al menos para mí. Allí se juntaba la cultura con el espectáculo y las artes, y muchos de los lugares más bohemios de la ciudad están situados en él.
En Inglaterra no teníamos coche, sería un lío cambiar el modo de conducir. Así que tendría que ir a algunos sitios en transporte público.
Afortunadamente, el Soho quedaba a pocos minutos de mi casa, así que podría disfrutar de las calles y el ambiente inglés mientras paseaba.
Al llegar, me dirijí a un local que habitualmente frecuentaba cuando pasaba las vacaciones allí y donde, por la hora que era, posiblemente se encontraran algunos amigos míos.
Al entrar. los busqué entre la multitud, pero no había rastro de ellos, así que me giré para salir pero me choqué con un chico que iba sentido contrario. Al fijar la vista en él, casi dejé de respirar.
Era Robert Pattinson, uno de mis ídolos (lo sé, pero tenía 18 años, con lo cual también comportamientos adolescentes, a pesar de mi madurez). Rápidamente le sonreí y pedí perdón.
- Lo siento, ¿estás bien?
Él me dirigió una mirada amable.
- Sí, no te preocupes. ¿Tú?
- Bien, tranquilo.
Entonces, un grupo de chicas se acercaron a él, y decidí salir a la calle a fumarme un cigarro. Demasiadas emociones en un día...
Tiritando, abroché los botones de mi abrigo y entré en el aeropuerto. Una vez cogí mi equipaje, salí de nuevo a la calle y cogí uno de los taxis allí aparcados.
- ¿Dónde, guapa? -me dijo el conductor una vez entré en el automóvil. Su mirada se reflejaba en el retrovisor.
Le dije la calle y acto seguido nos pusimos en marcha.
Las gotas de lluvia empezaron a deslizarse por los cristales de la ventanilla. Menos mal que llevaba paraguas, instrumento indispensable en aquel país.
Una vez llegué a mi destino, el conductor me dijo el precio y yo le di el coste correspondiente.
Me ayudó a sacar el equipaje del maletero y, con una mirada algo insinuante (sí, me di cuenta), se despidió de mí.
Saqué las llaves y abrí la puerta de nuestra casa en Londres. Un fuerte olor a cerrado inundó mi nariz. Rápidamente, abrí las ventanas, intentado eliminarlo.
Todos nuestros muebles estaban tapados con una funda de plástico. Empecé a quitarlas después de haber encendido la cadena de música (lo admito, sin música no soy persona).
Al acabar me di cuenta de que había dejado de llover, así que aproveché para salir a pasear un poco por aquella ciudad que tanto había echado de menos...
* * * * *
Decidí ir al Soho, el sitio más maravilloso de Londres, o al menos para mí. Allí se juntaba la cultura con el espectáculo y las artes, y muchos de los lugares más bohemios de la ciudad están situados en él.
En Inglaterra no teníamos coche, sería un lío cambiar el modo de conducir. Así que tendría que ir a algunos sitios en transporte público.
Afortunadamente, el Soho quedaba a pocos minutos de mi casa, así que podría disfrutar de las calles y el ambiente inglés mientras paseaba.
Al llegar, me dirijí a un local que habitualmente frecuentaba cuando pasaba las vacaciones allí y donde, por la hora que era, posiblemente se encontraran algunos amigos míos.
Al entrar. los busqué entre la multitud, pero no había rastro de ellos, así que me giré para salir pero me choqué con un chico que iba sentido contrario. Al fijar la vista en él, casi dejé de respirar.
Era Robert Pattinson, uno de mis ídolos (lo sé, pero tenía 18 años, con lo cual también comportamientos adolescentes, a pesar de mi madurez). Rápidamente le sonreí y pedí perdón.
- Lo siento, ¿estás bien?
Él me dirigió una mirada amable.
- Sí, no te preocupes. ¿Tú?
- Bien, tranquilo.
Entonces, un grupo de chicas se acercaron a él, y decidí salir a la calle a fumarme un cigarro. Demasiadas emociones en un día...
Capítulo 1 (Patty)
El despertador empezó a sonar, y yo, como buena perezosa que soy, lo apagué de un manotazo. Estaba decidida a volverme a dormir cuando una bombillita se encendió en mi cabeza.
Tenía que coger el avión a Londres, y perderlo era algo que no podía ocurrir. Me habían escogido para ser la imagen de una marca de ropa británica, y las primeras sesiones fotográficas empezarían en cinco días.
Hice la cama, me vestí y bajé a desayunar.
En un descuido, dejé las tostadas haciéndose más tiempo del debido, obteniéndolas bastante chamuscadas y difíciles de digerir. Decidía dejar de lado mis "artes culinarias" y cogí lo primero que vi en el armario.
Mis padres y mi hermano seguían durmiendo, y mi hermana ya estaba felizmente casada, con su propio piso y una flamante barriguita que guardaba a la que sería mi primera sobrina. Mis perritas dormían en el salón, después de haber estado jugando casi toda la tarde del día anterior.
Mientras cogía la maleta, pensaba en las facilidades que tendría en el trabajo a pesar de ser extranjera. Hablaba perfectamente el inglés (gracias a la educación bilingüe que mis padres nos proporcionaron a mis hermanos y a mí desde muy pequeños) y conocía Londres como la palma de mi mano, debido a las continuas vacaciones de verano que mi familia y yo pasábamos en nuestra casa de allí.
Metí mi equipaje en el coche (incluyendo mi preciada guitarra) e inicié el trayecto casa-aeropuerto. Una vez llegué a mi destino, aparqué el automóvil (ya se encargaba mi hermano de recogerlo) y me despedí de España.
Ya en el avión, pensé en mi carrera profesional. Únicamente había posado para algunas revistas adolescentes. Nada importante. Esperaba que ese empleo sirviera para darme ese pequeño empujoncito que me faltaba para hacerme un hueco en el maravilloso, aunque difícil, mundo del espectáculo. Ya no sólo como modelo, sino como actriz, mi sueño desde niña y desde que empecé a imitar a los personajes de Disney delante de un espejo.
Aunque mi juventud me podría traer algunos problemas. Acababa de cumplir los 18 años, y aunque era muy madura e independiente, mi aspecto infantil no lo corroboraba. Por lo general, la gente me echaba dos o tres años menos, y cuando me conocía de verdad se quedaba sorprendida.
No era la típica chica adolescente. Únicamente quería cumplir mis sueños, aunque eso significara tener que alejarme de mi familia y hacer una vida sola...
Tenía que coger el avión a Londres, y perderlo era algo que no podía ocurrir. Me habían escogido para ser la imagen de una marca de ropa británica, y las primeras sesiones fotográficas empezarían en cinco días.
Hice la cama, me vestí y bajé a desayunar.
En un descuido, dejé las tostadas haciéndose más tiempo del debido, obteniéndolas bastante chamuscadas y difíciles de digerir. Decidía dejar de lado mis "artes culinarias" y cogí lo primero que vi en el armario.
Mis padres y mi hermano seguían durmiendo, y mi hermana ya estaba felizmente casada, con su propio piso y una flamante barriguita que guardaba a la que sería mi primera sobrina. Mis perritas dormían en el salón, después de haber estado jugando casi toda la tarde del día anterior.
Mientras cogía la maleta, pensaba en las facilidades que tendría en el trabajo a pesar de ser extranjera. Hablaba perfectamente el inglés (gracias a la educación bilingüe que mis padres nos proporcionaron a mis hermanos y a mí desde muy pequeños) y conocía Londres como la palma de mi mano, debido a las continuas vacaciones de verano que mi familia y yo pasábamos en nuestra casa de allí.
Metí mi equipaje en el coche (incluyendo mi preciada guitarra) e inicié el trayecto casa-aeropuerto. Una vez llegué a mi destino, aparqué el automóvil (ya se encargaba mi hermano de recogerlo) y me despedí de España.
Ya en el avión, pensé en mi carrera profesional. Únicamente había posado para algunas revistas adolescentes. Nada importante. Esperaba que ese empleo sirviera para darme ese pequeño empujoncito que me faltaba para hacerme un hueco en el maravilloso, aunque difícil, mundo del espectáculo. Ya no sólo como modelo, sino como actriz, mi sueño desde niña y desde que empecé a imitar a los personajes de Disney delante de un espejo.
Aunque mi juventud me podría traer algunos problemas. Acababa de cumplir los 18 años, y aunque era muy madura e independiente, mi aspecto infantil no lo corroboraba. Por lo general, la gente me echaba dos o tres años menos, y cuando me conocía de verdad se quedaba sorprendida.
No era la típica chica adolescente. Únicamente quería cumplir mis sueños, aunque eso significara tener que alejarme de mi familia y hacer una vida sola...
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