lunes, 21 de junio de 2010

Capítulo 1 (Patty)

El despertador empezó a sonar, y yo, como buena perezosa que soy, lo apagué de un manotazo. Estaba decidida a volverme a dormir cuando una bombillita se encendió en mi cabeza.

Tenía que coger el avión a Londres, y perderlo era algo que no podía ocurrir. Me habían escogido para ser la imagen de una marca de ropa británica, y las primeras sesiones fotográficas empezarían en cinco días.

Hice la cama, me vestí y bajé a desayunar.

En un descuido, dejé las tostadas haciéndose más tiempo del debido, obteniéndolas bastante chamuscadas y difíciles de digerir. Decidía dejar de lado mis "artes culinarias" y cogí lo primero que vi en el armario.

Mis padres y mi hermano seguían durmiendo, y mi hermana ya estaba felizmente casada, con su propio piso y una flamante barriguita que guardaba a la que sería mi primera sobrina. Mis perritas dormían en el salón, después de haber estado jugando casi toda la tarde del día anterior.

Mientras cogía la maleta, pensaba en las facilidades que tendría en el trabajo a pesar de ser extranjera. Hablaba perfectamente el inglés (gracias a la educación bilingüe que mis padres nos proporcionaron a mis hermanos y a mí desde muy pequeños) y conocía Londres como la palma de mi mano, debido a las continuas vacaciones de verano que mi familia y yo pasábamos en nuestra casa de allí.

Metí mi equipaje en el coche (incluyendo mi preciada guitarra) e inicié el trayecto casa-aeropuerto. Una vez llegué a mi destino, aparqué el automóvil (ya se encargaba mi hermano de recogerlo) y me despedí de España.

Ya en el avión, pensé en mi carrera profesional. Únicamente había posado para algunas revistas adolescentes. Nada importante. Esperaba que ese empleo sirviera para darme ese pequeño empujoncito que me faltaba para hacerme un hueco en el maravilloso, aunque difícil, mundo del espectáculo. Ya no sólo como modelo, sino como actriz, mi sueño desde niña y desde que empecé a imitar a los personajes de Disney delante de un espejo.

Aunque mi juventud me podría traer algunos problemas. Acababa de cumplir los 18 años, y aunque era muy madura e independiente, mi aspecto infantil no lo corroboraba. Por lo general, la gente me echaba dos o tres años menos, y cuando me conocía de verdad se quedaba sorprendida.

No era la típica chica adolescente. Únicamente quería cumplir mis sueños, aunque eso significara tener que alejarme de mi familia y hacer una vida sola...

No hay comentarios:

Publicar un comentario