lunes, 21 de junio de 2010

Capítulo 2 (Patty)

Al bajar del avión, el frío clima de Inglaterra me golpeó.

Tiritando, abroché los botones de mi abrigo y entré en el aeropuerto. Una vez cogí mi equipaje, salí de nuevo a la calle y cogí uno de los taxis allí aparcados.

- ¿Dónde, guapa? -me dijo el conductor una vez entré en el automóvil. Su mirada se reflejaba en el retrovisor.

Le dije la calle y acto seguido nos pusimos en marcha.

Las gotas de lluvia empezaron a deslizarse por los cristales de la ventanilla. Menos mal que llevaba paraguas, instrumento indispensable en aquel país.

Una vez llegué a mi destino, el conductor me dijo el precio y yo le di el coste correspondiente.

Me ayudó a sacar el equipaje del maletero y, con una mirada algo insinuante (sí, me di cuenta), se despidió de mí.

Saqué las llaves y abrí la puerta de nuestra casa en Londres. Un fuerte olor a cerrado inundó mi nariz. Rápidamente, abrí las ventanas, intentado eliminarlo.

Todos nuestros muebles estaban tapados con una funda de plástico. Empecé a quitarlas después de haber encendido la cadena de música (lo admito, sin música no soy persona).

Al acabar me di cuenta de que había dejado de llover, así que aproveché para salir a pasear un poco por aquella ciudad que tanto había echado de menos...

* * * * *

Decidí ir al Soho, el sitio más maravilloso de Londres, o al menos para mí. Allí se juntaba la cultura con el espectáculo y las artes, y muchos de los lugares más bohemios de la ciudad están situados en él.

En Inglaterra no teníamos coche, sería un lío cambiar el modo de conducir. Así que tendría que ir a algunos sitios en transporte público.

Afortunadamente, el Soho quedaba a pocos minutos de mi casa, así que podría disfrutar de las calles y el ambiente inglés mientras paseaba.

Al llegar, me dirijí a un local que habitualmente frecuentaba cuando pasaba las vacaciones allí y donde, por la hora que era, posiblemente se encontraran algunos amigos míos.

Al entrar. los busqué entre la multitud, pero no había rastro de ellos, así que me giré para salir pero me choqué con un chico que iba sentido contrario. Al fijar la vista en él, casi dejé de respirar.

Era Robert Pattinson, uno de mis ídolos (lo sé, pero tenía 18 años, con lo cual también comportamientos adolescentes, a pesar de mi madurez). Rápidamente le sonreí y pedí perdón.

- Lo siento, ¿estás bien?

Él me dirigió una mirada amable.

- Sí, no te preocupes. ¿Tú?

- Bien, tranquilo.

Entonces, un grupo de chicas se acercaron a él, y decidí salir a la calle a fumarme un cigarro. Demasiadas emociones en un día...

Capítulo 1 (Patty)

El despertador empezó a sonar, y yo, como buena perezosa que soy, lo apagué de un manotazo. Estaba decidida a volverme a dormir cuando una bombillita se encendió en mi cabeza.

Tenía que coger el avión a Londres, y perderlo era algo que no podía ocurrir. Me habían escogido para ser la imagen de una marca de ropa británica, y las primeras sesiones fotográficas empezarían en cinco días.

Hice la cama, me vestí y bajé a desayunar.

En un descuido, dejé las tostadas haciéndose más tiempo del debido, obteniéndolas bastante chamuscadas y difíciles de digerir. Decidía dejar de lado mis "artes culinarias" y cogí lo primero que vi en el armario.

Mis padres y mi hermano seguían durmiendo, y mi hermana ya estaba felizmente casada, con su propio piso y una flamante barriguita que guardaba a la que sería mi primera sobrina. Mis perritas dormían en el salón, después de haber estado jugando casi toda la tarde del día anterior.

Mientras cogía la maleta, pensaba en las facilidades que tendría en el trabajo a pesar de ser extranjera. Hablaba perfectamente el inglés (gracias a la educación bilingüe que mis padres nos proporcionaron a mis hermanos y a mí desde muy pequeños) y conocía Londres como la palma de mi mano, debido a las continuas vacaciones de verano que mi familia y yo pasábamos en nuestra casa de allí.

Metí mi equipaje en el coche (incluyendo mi preciada guitarra) e inicié el trayecto casa-aeropuerto. Una vez llegué a mi destino, aparqué el automóvil (ya se encargaba mi hermano de recogerlo) y me despedí de España.

Ya en el avión, pensé en mi carrera profesional. Únicamente había posado para algunas revistas adolescentes. Nada importante. Esperaba que ese empleo sirviera para darme ese pequeño empujoncito que me faltaba para hacerme un hueco en el maravilloso, aunque difícil, mundo del espectáculo. Ya no sólo como modelo, sino como actriz, mi sueño desde niña y desde que empecé a imitar a los personajes de Disney delante de un espejo.

Aunque mi juventud me podría traer algunos problemas. Acababa de cumplir los 18 años, y aunque era muy madura e independiente, mi aspecto infantil no lo corroboraba. Por lo general, la gente me echaba dos o tres años menos, y cuando me conocía de verdad se quedaba sorprendida.

No era la típica chica adolescente. Únicamente quería cumplir mis sueños, aunque eso significara tener que alejarme de mi familia y hacer una vida sola...