martes, 28 de diciembre de 2010

Capítulo 7

(ROBERT)

La llamé esa mañana, pero me dijo que no podía salir, que tenía que comprar unas cosas, así que fui a dar un paseo por Londres. Mientras caminaba, en mi mente fluía ella. La conversación que habíamos mantenido había sido normal, y por primera vez en mucho tiempo me había sentido como uno más. Como antes de que todo ese boom apareciese. Sumido en mis pensamientos no me di cuenta de que una puerta a mi izquierda se empezaba a abrir, dándome en la cara.

- ¡Joder! -dije. Me toqué la nariz para ver si sangraba, pero era una falsa alarma.

- ¡Dios! ¡Lo siento mucho! ¡Yo...!

Esa voz... Me enderecé y la miré.

- Hola, Robert -dijo, con una sonrisa algo culpable-. ¿Te he hecho daño?

- Daño, sí. Heridas, no -respondí.

Ella se rió, regalándome un maravilloso sonido. Entonces reparé en el libro que llevaba entre las manos. "Alguien voló sobre el nido del cuco". Una de mis películas y libros favoritos.

- ¿Te gusta? -pregunté.

- Sí, me encanta. Ya me lo había leído, pero no lo tenía, así que lo he comprado. Me he visto la peli miles de veces.

- Yo también.

El éxito me había transformado en una persona bastante desconfiada, y si antes era paranoico, ahora lo era más. "¿Y si dice que le gusta porque sabe que a mí también y quiere impresionarme?", pensé. Su voz me sacó de mis pensamientos.

- ...encontrado, ¿no?

- ¿Perdón?

- Hollywood, eres buen músico, pero ahora mismo tu oído está algo atrofiado. Te decía que qué casualidad habernos encontrado, ¿no?

- Ah. Pues sí, la verdad.

- Me encantaría quedarme contigo, pero tengo que ir a otro sitio. Te llamo cuando acabe y quedamos, ¿vale?

- De acuerdo. Adiós, españolita.

- Adiós, Hollywood.

Se giró, pero antes de irse me preguntó.

- Por cierto, ¿sabes dónde puedo encontrar alguna tienda de discos?

- Sí, todo recto, al final de la calle giras a la derecha y verás una.

- Vale, gracias.

Retomó su camino y, entonces, y aunque me pareció una locura, decidí seguirla. Esa chica me tenía embrujado, así que, muy prudentemente, empecé a caminar, como si fuera su sombra. Unos minutos después, ella se metió en la tienda de discos que yo le había indicado. Aún no me había visto, y aproveché que la puerta estaba entreabierta para escuchar la conversación.

- Buenos días, estaba buscando un CD.

- Claro, guapa. ¿Cuál quieres?

Ella le enseñó un papel.

- Van Morrison, ¿eh? Déjame mirar, preciosa.

"¿Preciosa? ¿Pero quién se cree que es?", pensé.

- Aquí está. Bien, guapa, ¿cuánto estarías dispuesta a pagar por él?

- ¿Cómo? -preguntó, inocentemente.

- Me refería a cómo piensas pagarme.

"Cerdo", pensé.

- Bueno, pues con estas cositas de papel llamadas billetes. Globalmente dinero.

No pude reprimir una sonrisa. El dependiente se quedó estupefacto.

- ¿Necesitas que te lo deletree o te basta con esa explicación?

- Bueno, monada, creo que no vamos a llegar a ninguna parte.

Segundos después, ella salió triunfalmente con el CD en la mano (que había pagado con dinero, por supuesto), pero tuve tan mala suerte que me pilló mirando por el escaparate.

- ¿Robert? -dijo.

- Hola -repuse, avergonzado...

(PATTY)

Al salir de la tienda, le vi de nuevo. Mi corazón dio un vuelco.

- ¿Robert? -pregunté.

- Hola -dijo, avergonzado. Se veía tan mono...

- ¿Qué haces aquí?

- Pues...

Entonces una bombilla se encendió en mi cabeza.

- ¿Me has seguido? -pregunté, atónita.

Él bajó la mirada. Pensé que me había malinterpretado y decidí romper el hielo.

- Quiero decir, tú eres el famoso, no yo. ¿No te tendría que perseguir yo a ti?

Él soltó una carcajada. Ese sonido se estaba empezando a ser adictivo...

- Preferiría que no lo hicieras -respondió, alegremente.

- Y no lo haré. Supongo que debes estar muy cansado de todo el rollo de la fama.

- Un poquito -dijo.

Me quedé pensando. No iba a desaprovechar esa oportunidad, oh, no.

- ¿Pero aceptarías una invitación? -dije, con una sonrisa. Después me di cuenta de algo.- Bueno, supongo que no. No sería bueno para ti. Empezarían a decir que estás saliendo conmigo.

"Idea tentadora", pensé.

- No te preocupes, aquí los medios me persiguen menos -dijo él.

- Que alivio para ti.

- Pues sí -sonrió-. Bueno, y lo de esa invitación... depende de como sea.

- Mi casa, peli, cervezas... y buena música.

- Hecho.

Nos sonreímos mutuamente.




chicas, siento muchisisisisimo no haber podido actualizar antes, pero es que entre los examenes y algunos problemillas que he tenido no me ha dado tiempo, espero que me perdoneis ;)